El agua cristalina que corre por los ríos y arroyuelos no es solamente agua,
sino que también representa la sangre de nuestros antepasados.
Si les vendemos tierras, deben recordar que es Sagrada,
y a la vez deben enseñar a sus hijos que es sagrada
y que cada reflejo fantasmagórico en las claras aguas de los lagos
cuenta los sucesos y memorias de las vidas de nuestras gentes.
El murmullo del agua es la voz del padre de mi padre.
Los Ríos son nuestros hermanos y sacian nuestra sed;
son portadores de nuestras canoas y alimentan a nuestros hijos.

Si les vendemos nuestras tierras,
ustedes deben recordar y enseñarles a sus hijos
que los ríos son nuestros hermanos y también los suyos,
y por lo tanto, deben tratarlos con la misma dulzura
con que se trata a un hermano.
Sabemos que el hombre blanco no comprende nuestro modo de vida.
El no sabe distinguir entre un pedazo de tierra y otro,
ya que es un extraño que llega de noche
y toma de la Tierra lo que necesita.
La Tierra no es su hermana, sino su enemiga
y una vez conquistada sigue su camino,
dejando atrás la tumba de sus padres sin importarle.
Tanto la tumba de sus padres,
como el patrimonio de sus hijos son olvidados.
Trata a su madre, la Tierra y a su hermano, el firmamento,
como objetos que se compran, se explotan y se venden
como ovejas o cuentas de colores.
Su apetito devorara la Tierra
dejando atrás solo un desierto.

No sé, pero nuestro modo de vida es diferente al de ustedes.
La sola vista de sus ciudades apena la vista del Piel Roja.
Pero quizás sea porque el Piel Roja es un salvaje
y no comprende nada.
No existe un lugar tranquilo en las ciudades del hombre blanco,
ni hay sitio donde escuchar
cómo se abren las hojas de los árboles en primavera
o como aletean los insectos.
Pero quizás también esto debe ser porque soy un salvaje
que no comprende nada.
El ruido parece insultar nuestros oídos.
Y, después de todo,
¿Para qué sirve la vida, si el hombre no puede escuchar
el grito solitario del chotacabras,
ni las discusiones nocturnas de las ranas al borde de un estanque?

Soy un Piel Roja y nada entiendo.
Nosotros preferimos el suave susurro del viento
sobre la superficie de un estanque,
así como el olor de ese mismo viento
purificado por la lluvia del mediodía
o perfumado con aromas de pinos.
El aire tiene un valor inestimable para el Piel Roja,
ya que todos los seres comparten un mismo aliento:
la bestia, el árbol, el hombre, todos respiramos el mismo aire.
El hombre blanco no parece consciente del aire que respira;
como un moribundo que agoniza durante muchos días
es insensible al hedor.
Pero si les vendemos nuestras tierras deben recordar
que el Aire no es inestimable,
que el Aire comparte su espíritu con la Vida que sostiene.
El Viento que dio a nuestros abuelos el primer soplo de vida,
también recibe sus últimos suspiros.
Y si les vendemos nuestras tierras,
ustedes deben conservarlas como cosa aparte y Sagrada,
como un lugar donde hasta el hombre blanco
pueda saborear el viento perfumado
por las flores de las praderas.

Por ello consideraremos su oferta de comprar nuestras tierras.
Si decidimos aceptarla, yo pondré una condición:
El hombre blanco debe tratar a los animales de esta tierra
como a sus hermanos.
Soy un salvaje y no comprendo otro modo de vida.
He visto a miles de búfalos pudriéndose en las praderas,
muertos a tiros por el hombre blanco desde un tren en marcha.
Soy un salvaje y no comprendo como una maquina humeante
puede importar más que el búfalo,
al que nosotros matamos solo para sobrevivir.
¿Que seria del hombre sin los animales?
Si todos fueran exterminados,
el hombre también moriría de una gran soledad espiritual.
Porque lo que le sucede a los animales
también le sucederá al hombre.
Todo va enlazado.

Deben enseñarles a sus hijos que el suelo que pisan
son las cenizas de nuestros antepasados.
Inculquen a sus hijos que la Tierra
esta enriquecida con las vidas de nuestros semejantes
a fin de que sepan respetarla.
Enseñen a sus hijos que nosotros hemos enseñado a los nuestros
que la Tierra es nuestra madre.
Todo lo que le ocurra a la Tierra
les ocurriría a los hijos de la Tierra.
Si los hombres escupen en el suelo,
se escupen a sí mismos.
Esto sabemos:
La Tierra no pertenece al hombre; el hombre pertenece a la Tierra.
Esto sabemos.
Todo va enlazado, como la sangre que une a una familia.
Todo va enlazado.
Todo lo que le ocurra a la Tierra,
le ocurrirá a los hijos de la Tierra.
El hombre no tejió la trama de la vida;
el es solo un hilo.
Lo que hace con la trama se lo hace a si mismo.
Ni siquiera el hombre blanco,
cuyo Dios pasea y habla con el de amigo a amigo,
queda exento del destino común.
Después de todo, quizás seamos hermanos.
Ya veremos.

Sabemos una cosa que quizás el hombre blanco descubra un día:
nuestro Dios es el mismo Dios.
Ustedes pueden pensar ahora que Él les pertenece
lo mismo que desean que nuestras tierras les pertenezcan;
pero no es así.
Él es el Dios de los hombres y su compasión
se comparte por igual entre el Piel Roja y el hombre blanco.
Esta tierra tiene un valor inestimable para El
y si se daña se provocaría la ira del creador.
También los blancos se extinguirán,
quizás antes que las demás tribus.
Contaminan sus lechos
y una noche perecerán ahogados en sus propios residuos.
Pero ustedes caminaran hacia su destrucción,
rodeados de gloria,
inspirados por la fuerza del Dios que los trajo a esta tierra
y que por algún designio especial
les dio dominio sobre ella y sobre el Piel Roja.
Ese destino es un misterio para nosotros,
pues no entendemos por qué se exterminan los búfalos,
se doman los caballos salvajes,
se saturan los rincones secretos de los bosques
con el aliento de tantos hombres
y se atiborra el paisaje de las exuberantes colinas
con cables parlantes.
¿Dónde está el matorral? Destruido.
¿Dónde está el águila? Desapareció.
Termina la Vida y empieza la supervivencia."